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Artículo – Noche de Brujas: La Noche de San Juan y Halloween, ¿son la misma fiesta?
Joseph Tomanek - Ninfas bailando la flauta de Pan.

Artículo – Noche de Brujas: La Noche de San Juan y Halloween, ¿son la misma fiesta?

NOTA: Este artículo está orientado a la realidad de mi país, Chile. Comenta si tu situación es similar o diferente.

La Noche de San Juan y Halloween son Noches de Brujas, festividades que aprovechan su aura de terror para divertir a las personas. Ambas son fiestas de amanecida donde, según se dice, los espíritus y demonios salen a jugar a nuestro plano en una noche mágica, cargada de influencias tenebrosas.

La Noche de San Juan se celebra entre la noche del 23 de junio y la madrugada del 24; ocasión de algarabía para campesinos, místicos y amantes de lo oculto, y una noche de respeto para los simples mortales, lejos de la mundana maldad. Y es que la cultura popular asocia esta noche con rituales de brujería demoníaca para atraer la suerte, el amor, el dinero, la dignidad, entre otros beneficios. Para los países de habla hispana, la Noche de San Juan es nuestra Noche de Brujas; fecha donde confluyen siglos de juegos místicos, cuentos oscuros e historias que hablan sobre la identidad de nuestros pueblos.

Halloween, por otra parte, se celebra la noche del 31 de octubre y la madrugada del 1 de noviembre. Durante las últimas décadas, esta fiesta ha irrumpido con gran fuerza en la identidad colectiva. Año tras año, cada noche de Halloween nos maravilla con disfraces aterradores; y disfrutamos de los dulces, fiestas de amanecida y con los especiales de películas de terror que pasan por la TV. Halloween es una fiesta propia de países de habla inglesa que, aún ajena a nuestras costumbres, hemos sabido adoptar como tradición propia.

Ambas Noches de Brujas se celebran de noche, previo a la víspera de un santoral, y hablan de una noche mágica donde los espíritus que salen a merodear hasta el amanecer. Es indudable notar su parecido, aún cuando son permanecen separadas por su origen geográfico y son entretenidas a su manera. Pero, ¿qué tan parecidas son en realidad? ¿Cuál es la historia detrás de estas fiestas? Y, lo que jamás te preguntaste nunca, ¿por qué las celebramos?

Cambio de Estación: el Portal de los Espíritus

Las Noches de Brujas son más antiguas que el mismo Diablo, pues tanto la Noche de San Juan como Halloween tienen sus orígenes en ritos mucho más antiguos que el cristianismo.

Las Noches de Brujas se celebran en las vísperas de dos santorales importantes en la Iglesia Católica; el día de San Juan (24 de junio) y el Día de Todos los Santos (1 de noviembre). Sin embargo, el motivo de su celebración no es ninguna coincidencia: San Juan y Todos los Santos pertenecen a una larga fila de fiestas paganas cristianizadas; su concepción “demoníaca” fue obra de la influencia del cristianismo en ritos considerados “paganos”.

Pero es posible que el origen de las Noches de Brujas sea más antiguo que Dios. Quizás sean más antiguas que el mal.

Chaharshanbe Suri, el Miércoles Rojo

Todo comenzó en Medio Oriente. El Chaharshanbe Suri, Miércoles Rojo Zoroastriano o Festival del Fuego, es una fiesta zoroastriana, una antigua religión oficial de los persas entre el 650 y el 600 a. C. Es la primera fiesta del Año Nuevo persa, el Nowruz, y celebra el último día del año anterior. Esta fiesta aún es celebrada en países del Medio Oriente, como Irán o Afganistán.

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Chaharshanbe Suri por Balochs Iraníes. Foto de sayyed shahab-o- din vajedi vía Wikimedia Commons.

Se cree que durante esta noche la frontera entre la dimensión de los vivos y los muertos se debilita. Los zoroastrianos, a fin de protegerse, encomendaban sus celebraciones a Arihman, hijo de Azura Mazda -el “Dios” zoroastriano- con una serie de rituales conmemorativos que involucra el encendido de hogueras como gran protagonista. Estas hogueras servían para alejar a los espíritus malos a través de las llamas y, además, permitía conmemorar y comunicarse con aquellos seres queridos ya muertos.

La Noche de los Espíritus comenzaba a tomar forma.

El incendio de hogueras durante esta fiesta es, posiblemente, el primer indicio que tenemos sobre la Noche de San Juan. La tradición manda saltar sobre las siete para purificarse e intercambiar la enfermedad por salud, riqueza y felicidad; algo muy similar al ritual de saltar siete veces sobre una fogata en la Noche de San Juan (España). Por otra parte, la costumbre de disfrazarse de sus propios muertos, golpeando ollas y sartenes para vencer al último miércoles desafortunado del año, y pasando casa por casa pidiendo dulces es una actividad estrechamente relacionada al “Dulce o Travesura” característico de Halloween.

Los Pueblos Bárabaros y el Culto al Solsticio de Verano

El tiempo avanzó y nuevos pueblos emergieron, empapados de los remanentes diseminados de culturas anteriores.

Cuando los pueblos bárbaros dominaban el norte de Europa -período pre romano-, la entrada al invierno o al verano señala un período de escasez o abundancia de alimentos, respectivamente. Estos pueblos se preparaban para la temporada siguiente a través de la celebración de las Estaciones del Año, un momento de encomienda a los dioses y espíritus de la naturaleza para atravesar la temporada de forma provechosa. Cada temporada, Invierno o Verano, tenían su propio ritual. Es así que tanto la Noche de San Juan como Halloween comenzaban a tomar forma.

La Noche de San Juan nació a partir de la celebración del Solsticio de Verano, es decir, el día más largo y la noche más corta del año. A partir de este momento, la fuerza del Sol se apagaría paulatinamente, lo que traería por consecuencia que la horas de luz durante el día fueran cada vez menores. La oscuridad y el frío se abrirían paso lentamente hasta dominar la longitud de los días. 

La Noche de San Juan nació a partir de la celebración del Solsticio de Verano, es decir, el día más largo y la noche más corta del año. A partir de este momento, la fuerza del Sol se apagaría paulatinamente, lo que traería por consecuencia que la horas de luz durante el día fueran cada vez menores. La oscuridad y el frío se abrirían paso lentamente hasta dominar la longitud de los días.

Para contrarrestar esto, los celtas celebraban una fiesta llamada Litha en honor al Solsticio. Era una de las ocho celebraciones importantes del pueblo celta en la antigüedad. La celebración consistía, fundamentalmente, en encender numerosas hogueras para dar energía al Sol. El objetivo era resistir el crudo frío de la Estación durante el mayor tiempo posible hasta el Solsticio de Invierno. Por alguna razón desconocida, el ritual siempre se llevaba a cabo durante la noche. Además, estas hogueras servían para protegerse de los malos espíritus y para ahuyentar enfermedades que merodeaban durante esta fecha en que “el Sol comenzaba a decaer”, algo similar a lo ocurrido en el Chaharshanbe Suri. La creencia es que la principal fuerza del Sol, el fuego, ahuyentaba todo rastro de oscuridad, incluyendo a las alimañas y a los males. También, durante esta noche los pueblos celtas adoraban a su diosa con hogueras y grandes banquetes para ganar protección y buenaventura durante la Estación.

Actualmente, la influencia del neopaganismo (una forma de reconstrucción de las antiguas religiones precristianas) ha motivado a admiradores de la antigua religión a practicar algunos de estos rituales. Algunos ejemplos son la celebración del Litha por los seguidores del culto Wicca, o la celebración del Solsticio de Verano en vez de la Noche de San Juan: el Nowruz iraní, el Midsummer britanico o el tradicional Midsommar sueco.

¡Exacto! Es el mismo nombre de la película de Ari Aster -director de Hereditary (2018)- y que tiene como contexto este ritual ancestral.

El Festival del Fin de las Cosechas

Los celtas y otros pueblos germanos celebraban el Samhain (también Oidhche Shamhna), la fiesta mediados del verano, y la precursora de Halloween. Esta celebración de alrededor de 3000 años de antigüedad marcaba el Año Nuevo Celta y la entrada a la época oscura, es decir, la entrada exacta al crudo invierno europeo.

NOTA: Hay que resaltar que mientras la fiesta de Litha conmemoraba la menor intensidad del Sol y la entrada a la época fría (Otoño-Invierno), en el Solsticio de Verano; la fiesta de Samhain celebra la entrada exacta a la “época oscura”, el invierno, durante el Equinoccio de Otoño.

Al igual que en la Noche de San Juan, la frontera entre los mundos de los vivos y los muertos se debilitaba, permitiendo la entrada de espíritus al plano de los vivos. Y otra vez los druidas celtas encendían hogueras para protegerse de los espíritus rechazados –Sluaghs– que suponían un peligro para los vivos. Además, realizaban sacrificios animales y humanos para complacer a las deidades, y danzaban disfrazados con máscaras aterradoras para ahuyentar a los malos espíritus. El baile terminaba con los asistentes huyendo de los bailarines disfrazados; y cuando era alcanzado, el bailarón entregaba una manzana o algún regalo. Así es como Halloween se originó siendo una fiesta de disfraces.

Posteriormente, el Imperio Romano impuso su cultura y tradiciones en la ocupación de las Galias, luego de vencer a los pueblos germánicos. Es así como influyeron en la celebración de todos sus rituales, incluyendo el Samhain celta. De hecho, lo que hoy conocemos como Halloween es producto del sincretismo entre el Samhain y la influencia de dos celebraciones romanas.

La primera celebración es la Fiesta de la Cosecha en honor a la diosa Pomona, deidad de la fruta representada con las manzanas. La fiesta consiste en agradecer a la diosa Pomona por los frutos entregados durante la temporada con un gran banquete y juegos. La Fiesta de la Cosecha Romana servía de excusa para reemplazar a las celebracioes bárbaras, pues la Fiesta se celebraba en una fecha cercana al Samhain celta; sin embargo, nunca logró imponerse debido a la resistencia de los germanos a abandonar sus propias tradiciones. Aún así, fue imposible evitar la influencia evidente de ambos rituales en la Noche de Halloween, que aún conserva ciertos juegos que se siguen celebrando el 31 de octubre.

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Estatua de Pomona por sailko via Wikimedia Commons.

La segunda celebración es la Lemuralia o Lemuria, una fiesta en honor a los muertos muy parecida a Halloween: los espíritus muertos (Lemures) regresaban a atormentar a los familiares que dejaron atrás. Para salvarse del tormento, los padres de familia –pater familias– hacían rituales de exorcismo al interior de sus casas: caminaban descalzos y escupían porotos para redimir a su familia del infortunio que podrían ocasionar los ancestros muertos. A pesar de que esta conmemoración tenía lugar en el mes de Maius -mayo- se le asocia con Halloween por la posterior idea católica de unir todos los rituales para el mismo día.

Sin embargo, los rituales celtas se resistieron a morir y migraron a zonas alejadas del Imperio, donde se desarrollaron hasta casi nuestros días. Es el caso del Calan Gaeaf celebrado en Gales, donde se celebran juegos relacionados con la muerte y los muertos, donde el animismo propio de los sectores rurales transformó la fiesta en su propia versión, e influyó directamente en lo que hoy entendemos como Halloween.

El Origen de San Juan y Todos los Santos

Al pasar los años, la influencia del Cristianismo inundó la mentalidad del mundo europeo. Sin embargo, todo hombre orgulloso de sus orígenes celebra y mantiene los ritos que lo identifica con la historia de su pueblo. Un verdadero problema para el mundo cristiano quienes necesitaban aumentar su poder cambiar la visión del mundo hacia la fe verdadera bajo una misma bandera de unidad. Un pueblo inmerso en la oscuridad de la paganía suponía una afrenta a Dios y merecía el castigo o la conversión.

La Cristianización de Festividades Paganas

Normalmente bastaría con atacar a otros pueblos no conversos para imponer tu fe, pero cuando el número de creyentes y soldados es bajo, necesitas ingeniártelas. Por suerte, los primeros cristianos utilizaban técnicas eficaces de conversión a través de sus misioneros. La primera de las estrategias consistía en atacar todo lo que no fuera cristiano como “pagano”, es decir, como un adorador a un ídolo falso, una afrenta a la Dios según el primer mandamiento.

“Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

Exodo, 20: 2-6.

La segunda estrategia consistía en “santificar” o “demonizar” todas aquellas figuras paganas. Si la deidad adorada era visible y real, y su culto era una especie de agradecimiento por los grandes dones otorgados (por ejemplo, el Dios Sol), los cristianos “santificaban” la figura, explicando que era un ángel de Dios, un instrumento suyo para bendecir a toda la creación. Por el contrario, si la deidad pertenecía a una figura contrapuesta a los ideales del cristianismo, automáticamente era “demonizada” y su culto ponía en peligro a la humanidad, por lo cual los adoradores merecían un castigo severo. Esto le pasó a la mayoría de las deidades celtas.

La tercera estrategia, y quizás la más efectiva e interesante, consistía en acercar las fechas de las celebraciones de sus propios santos “coincidentemente” con las fiestas paganas. Inclusive, adoptaban algunas de las costumbres paganas, usualmente inofensivas y con gran sentido de pertenencia en los pueblos no cristianos, para acomodarlas a sus propias celebraciones santas. Poco a poco, los conversos vieron que no deberían abandonar sus tradiciones por seguir el camino de Cristo y aceptaro la fe cristiana. Prácticamente, “cristianizó” las fiestas paganas.

Evidentemente, esta última estrategia fue la responsable del origen de la Noche de San Juan y Halloween. No obstante, las Noches de Brujas se resistieron a morir.

San Juan y el Día de Todos los Santos

La Iglesia Católica estaba decidida a acabar con los rituales paganos para imponer su fe. Mediante el mecanismo de acercamiento de fechas, la Iglesia reemplazó las festividades con dos santorales: San Juan (24 de junio) y el Día de Todos los Santos (1 de noviembre).

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San Juan Bautista por Francisco Pacheco

El día de San Juan conmemora el natalicio de San Juan Bautista, el último profeta antes de Jesucristo y el hombre que cimentó el camino para que Jesús pudiera impartir sus enseñanzas. Inclusive, él mismo bautizó a su primo Jesús de Nazaret con el coro celestial, la luz brillante y la paloma incluida en el pack. El santoral se celebra 6 meses antes de la Navidad, basado en el relato del Evangelio de Lucas, cuando la Virgen María, luego de la Anunciación, visita a su hermana Santa Isabel quien ya estaba embarazada. María pasó tres meses de su embarazo junto con Santa Isabel hasta el nacimiento de Juan Bautista; luego regresó a su casa. En seis meses más, la Virgen María dio a luz a su hijo Jesús. Sería raro pensar que existía una coincidencia en las celebraciones del Solsticio de Verano y el Solsticio de Invierno con San Juan y Navidad, ¿cierto?

El relato de Lucas también servía para justificar el incendio de hogueras: en el mismo evangelio se asegura que Zacarías, sacerdote judío y padre de Juan Bautista, hizo encender hogueras para celebrar el nacimiento de su hijo durante la noche. 

Un milagro conveniente que permitía incluir la celebración del Solsticio de Verano (Litha) como una ceremonia ahora cristiana sin resistencia por parte de los bárbaros. El resto de los rituales y juegos quedaron relegados a justificaciones cristianas entre Dios y el Diablo.

Similar suerte sufrió el Samhain, la Fiesta de la Cosecha y el Lemuralia. La Iglesia Católica necesitaba un día de celebración de todos aquellos mártires de la Iglesia que se sacrificaron para promover la fe cristiana. Normalmente, la celebración se hacía en el mes de Mayo, instaurada por el Papa Bonifacio IV para celebrar a los «Mártires Cristianos» y como excusa para reemplazar a la Lemuralia romana. Sin embargo, en el s. VIII d. C. y siguiendo el mismo mecanismo de “acercamiento” de fechas, el Papa Gregorio III instauró el 1 de noviembre como el Día de los Santos Mártires. Posteriormente, el Papa Gregorio IV lo fijó como el actual Día de Todos los Santos, nuevamente convirtiendo los rituales de otras culturas en celebraciones católicas. 


Pero las fiestas se resistieron a morir. A pesar de todos los intentos de la Iglesia Católica por confundir y convertir a los pueblos, las festividades sobrevivieron en la memoria colectiva y se siguieron celebrando durante la noche, en las vísperas de cada santo, junto con la mayoría de sus juegos y costumbres. La Noche de San Juan y All Hallows Eve (víspera de Todos los Santos), finalmente Halloween, comenzaron a tomar forma definitiva.

Herejía y Brujería

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San Agustín por Phillipe de Champaigne

La competencia de la Iglesia Católica con otros cultos y religiones de otros pueblos es una cosa. Pero, ¿cómo fue que los rituales paganos se convirtieron en Noches de Brujas?

Como mencioné anteriormente, los cristianos tildaron todo culto ajeno de pagano. Y todo culto adorador de otra deidad que no fuera el Dios cristiano era considerado idolatría, una violación al primer mandamiento. Posteriormente, San Agustín de Hipona elaboró un discurso sobre la magia, en el que relacionaba todo culto que no fuera cristiano como burjería y artimañas del Diablo. Pero no fue sino hasta el s. XIV cuando Juan XXII relacionó directamente la herejía y las prácticas mágicas con la brujería a través de la bula Super illius specula (1326). Así, todos los rituales pertenecientes a cultos no cristianos serían salpicados de un aura demoníaca, incluyendo a la Noche de San Juan y a Halloween. Además, todos los practicantes de estos rituales (considerados magos) eran considerados adoradores del Demonio por alejarse de la fe veradera.

Desde ese momento, la perspectiva popular y festiva de estos rituales no cristianos los transformaron en Noches de Brujas. Las Brujas recién adquirían sus poderes, los que se incrementarían con la llegada de estas festividades a América.

La Nueva Fiesta Americana

Pasó el tiempo y las generaciones europeas otorgaron a las Noches de Brujas su aura demoníaca característica. Las celebraciones de la Noche de San Juan y las celebraciones del Solsticio de Verano se mantendrían intactas hasta hoy en día en los países europeos, convirtiéndose en celebraciones populares en España, Portugal, Alemania y los países nórdicos (Suecia, Noruega, Finlandia, etc.).

Pero América tiene algo distinto que aportar. La fiesta de Halloween era ampliamente celebrada en países de habla inglesa, pero aún está lejos de ser la Gran Festividad del Horror como la conocemos ahora. Primero debió llegar a tierras estadounidenses. Por su parte, la evolución del ritual tras la Conquista y Colonia en América del Sur, y la nueva pugna por la fe entre indígenas y católicos, dotaría a la Noche de San Juan con un poder más oscuro y macabro, tal y como lo conocemos acá.

América es tierra fértil para el Demonio, Baby.

Irish Men and the American Way

La víspera de Todos los Santos continuó celebrandose, particularmente en los países de Gran Bretaña. Se estima que la primera vez que se usó el término “Halloween” como contracción de “All Hallows Eve” fue en el s. XVII en Escocia. Por otra parte, para el pueblo irlandés, en su mayoría pobres y católicos -no olvidar que los británicos son protestantes-, la fiesta gozaba de gran popularidad. De hecho, Halloween permanecía fuertemente arraigado en sus raíces, y originaron juegos y tradiciones propias. Halloween servía como recordatorio para pensar en las almas de todos los muertos, los buenos y los malos, y en la mejor forma de recordarlos no solo a ellos, sino que también recordar nuestra propia mortalidad y el inmenso reino de la muerte. Todo este contenido valórico es parte de la influencia irlandesa en Halloween.

Entonces ocurrió La Gran Hambruna Irlandesa, un desastre humanitario a mediados del s. XIX, el cual fue ocasionado por el desgraciado ataque del Tizón de la Papa (Phytophthora infestans) y una serie de políticas abusivas y opresoras de los ingleses sobre el pueblo irlandés. Frente a la gente muriendo de inanición y enfermedades, las posibilidades se redujeron a vivir como un indigente o emigrar. La ola masiva de migración llevó a gran cantidad de irlandeses a tierras estadounidenses, junto con sus pertenencias y tradiciones. Fue así como Halloween se instauró en tierras norteamericanas junton con toda su mitología, incluyendo las calabazas talladas para recordar la historia de Jack O’Lantern o el famoso “Dulce o Travesura” que los norteamericanos pronto convertirían en excusa para actividades vandálicas.

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Actualmente, Halloween es parte importante de la tradición y cultura estadounidense, a pesar de no ser considerada una festividad oficial. Ellos mismos asumen que es una fiesta de alta convocatoria y que motiva a celebrar más a los adultos que a los niños. Además, es una fiesta comercial que mueve mucho dinero en conceptos de decoración, disfraces y dulces. Incluso, y pese a las desaveniencias religiosas, motivan a los estadounidenses a celebrar una fiesta sin compromisos, muy entretenida y con muchas alternativas para disfrazarse. Podemos ver el ambiente festivo de Halloween en la ficción, a través de varias películas y series ámpliamente distribuidas y conocidas por la mayoría de los países del mundo occidental como, por ejemplo, Halloween (1978), Night of the Demons (1988), Hocus Pocus (1993), The Night Before Christmas (1993), Trick ‘r Treat (2007) o All Hallows’ Eve (2013), entre otras.

La ficción es y será, quizás, la gran forma de expansión de esta festividad en otras tierras extranjeras y el motivo por el cual nosotros, aún en una tierra con una cultura ajena, queremos y sabemos como celebrar.

Culto indígena y el Solsticio de Invierno

Europa celebra la Noche de San Juan tal y como la conoce desde la instauración del santoral de San Juan el 24 de junio. De hecho, actualmente, la Noche de San Juan se celebra con gran entusiasmo, sobre todo, en España, donde prácticamente todas las provincias tienen rituales propios dependiendo de la evolución de sus propios pueblos.

En América Latina, en cambio, la Noche de San Juan tiene un sabor distinto, cuando la tradición europea se mezcló con las religiones de los Pueblos Originarios de América.

Los Pueblos Originarios tienen su propia cosmovisión de las cosas, de acuerdo a la religión o culto practicado por cada pueblo. Estos cultos estaban asociados, en su mayoría, al animismo y a la adoración de la naturaleza, astros y condiciones climáticas como, por ejemplo, el Dios Sol. Por este motivo, el orden y fecha de celebración de los cultos estaba determinado por las variaciones propias del ambiente y, en el caso de San Juan, por el cambio de Estación, tal como lo hicieron los pueblos bárbaros en Europa.

Esta vez, en lugar de celebrarse el Solsticio de Verano, los pueblos de Sudamérica conmemoran el Solsticio de Invierno, aún en nuestros días. Los rituales más llamativos aquí en Chile son: Aringa Ora o Koro Rapa Nui, Machaq Mara Aymara, Likan Antai Atacameño, Inti Raymi Quechua, y We Tripantu Mapuche. Otros pueblos como Collas, Diaguitas, Kawéskar (Onas) y Yaganes también participaron en ritos del Solsticio.

La celebración del Solsticio de Invierno obedece a la reactivación del ciclo natural de las plantas, comenzando un nuevo año agrícola para los pueblos indígenas. Se celebra alrededor del 21 de junio, durante el día más corto y la noche más larga del año. Es una celebración con mucho significado, pues la relación del ser humano con la naturaleza obedece un orden cíclico que comienza justo en este día e invita a la renovación de la vida personal. Se reza a los espíritus de animales, de plantas y del clima, en una interconexión espiritual que fomenta el equilibrio en la naturaleza, como explica el We Tripantu –Wiñol Tripantu– o Año Nuevo Mapuche.

Y llegaron los españoles y, con ellos, la Iglesia Católica. Y en su afán de unificar y pacificar a los indígenas para reunirlos bajo la misma bandera -tal como sucedió con los pueblos germánicos-, utilizaron los mismos recursos conocidos anteriormente. No obstante, la Iglesia Católica tuvo grandes dificultades para imponer el credo religioso en los pueblos paganos de América Latina. Aún cuando la evangelización resultó exitosa, la confusión de los pueblos indígenas para saber cuál era la fe verdadera les obligó a aceptar ciertas celebraciones paganas que fueron cristianizadas para convertir a los indígenas. En otras palabras, la Iglesia fue víctima de sus propias artimañas. Un ejemplo podría ser la transformación del rito de bañarse con las primeras aguas del Solsticio para renovar y limpiar las energías, el cual se asoció a sacarse la mala suerte con las primeras aguas benditas por el Bautista (San Juan).

Finalmente, y como sucedió con el caso de los pueblos pre cristianos de Europa, todo aquella ceremonia pagana fue relacionada con herejía y brujería. Sin embargo, el foco de estas acusaciones no fueron los practicantes y cultores de estas tradiciones, sino que fueron los rituales las que se satanizaron. Con el estigma de ser considerados malignos y nocivos, los “buenos cristianos” abandonaron los rituales y solo fueron conservados por los habitantes de sectores rurales, más alejados del Cristianismo y más cercanos al Animismo y a la naturaleza. Nace así la Noche de San Juan en Sudamérica.

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Ilustración de un Brujo Chilote en "Chiloé Archipiélago Mágico", de Nicasio Tangol. Quimantú, 1972. 2 Vol.

Posteriormente en Chile, la Noche de San Juan adquirió un gran poder mágico, sobre todo en la zona sur. La tradición se mezcló con cuentos y supercherías, y adquirió un tono oscuro especial de una tierra oscura, lluviosa y enigmática. Pronto se convirtió en una noche peligrosa, ideal para el surgimiento de dos de los entes oscuros más poderosos en esta tierra: El Brujo y El Diablo chilenos, dos figuras que, al menos en Chile, nadie quiere encontrarse de frente.

Sincretización y Herencia; lo que hoy celebramos

Luego de la influencia americana, las Noches de Brujas se alimentaron de los relatos propios del imaginario popular. Su mística creció y su celebración es aceptada con una mezcla extraña entre el respeto y el ambiente festivo. Según su influencia geográfica, se crearon nuevos juegos y tradiciones que dota a cada fiesta una celebración particular, divertida cada una a su manera.

Halloween: Disfraces, dulces y películas

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Hoy en día, Halloween es ampliamente celebrado en casi todo el mundo occidental, convirtiéndose en una de las fiestas comerciales más grandes del mundo. Halloween es sinónimo de fiesta, donde todo el mundo se disfraza de forma espeluznante. Aún cuando la mayoría ignora que es una fiesta para espantar a los malos espíritus, los monstruos del terror moderno se toman el escenario para divertir a todo el mundo.

Para los niños, el 31 de octubre significa salir a merodear entre calles repletas de decoraciones de calabazas, murciélagos, gatos negros y esqueletos; una búsqueda valiente cuyo objetivo es conseguir dulces casa por casa gritando “¡Dulce o Travesura!”. Normalmente, la gente en esta región es amable y se provee de dulces; aunque tampoco faltan los vándalos que aprovechan la ocasión para generar terribles estragos. Como sea, Halloween es una noche entretener a los niños con historias de terror. Muajajajajajajaja…

Asimismo, Halloween ofrece una excelente oportunidad de diversión para los adultos. Tanto para los fanáticos del horror como para los que no, existen cada vez más numerosas oportunidades de participar en fiestas masivas, entre geniales caracterizaciones y sexys vestuarios que convierten a más de alguno en hombre o mujer lobo. Para los más ñoños -como yo-, lo mejor son los ciclos de películas de terror que prometen durante esta noche, y que se anticipan durante un mes completo bautizado como “el mes del horror”.

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John Carpenter Live 2016 por David Falkner vía Flicker.

Aquí en Chile, la gente cada vez se prepara mejor para celebrar Halloween. Durante los últimos 10 años la fiesta ha irrumpido con fuerza y se ha convertido en una festividad pintoresca pese a no pertenecer a esta tierra. Todo está abarrotado de productos de Halloween. A través de la globalización y la comercialización, Halloween ofrece numerosas alternativas de decoración divertida: guirnaldas de murciélagos, dulces de ojo, vasos de Frankenstein, máscaras de Diablo, pasteles de calabaza, etc, etc y más etc. Para los fanáticos del horror, ¡es imposible no ser feliz en Halloween!

La Noche de San Juan y el encuentro con el Diablo

En América, el sincretismo religioso y el animismo rural acabaron por transformar esta fiesta en una celebración demoníaca, donde los rituales de brujería dominan la noche completamente.

Esta noche se conoce particularmente por la gran cantidad de rituales de brujería para múltiples propósitos y que puede hacer cualquier mortal con materiales irrisorios. Existen rituales inocentes como las brujerías para adivinar el futuro (las tres papas, la tinta en el papel, el cabo de vela en el agua, o el espejo frente al agua) o para conocer quién será tu próxima pareja (mirar por la ventana, ver pasar un perro, las tres gallinas); pero también existe la brujería más oscura y hecha solo para valientes. En este tipo de rituales encontramos un hecho llamativo que se da en Chile y tiene que ver con la aparición de una criatura criolla muy conocida por el pueblo chileno: El Diablo.

El Diablo en Chile no es un demonio tal y como se lo conoce -una figura infernal, con cuernos y patas de cabra- sino como un ente tradicional, truculento y simpático que lucha por recolectar el alma de quienes caen bajo su influencia. Según se dice, el Diablo es un tipo genial y fiestero, como aquellos amigos muy simpáticos y divertidos que se convierten en una pésima influencia y un verdadero dolor de cabeza. Sin embargo, eso no significa que no sea un ente respetado ni mucho menos peligroso. Aquí le dedicaron un capítulo en una serie titulada “Miedo a la Chilena”, donde se cuentan varias vivencias rurales sobre el “Cachúo”. Algún día hablaré de él y la importancia que tiene para nosotros los chilenos, lo prometo

El Diablo tiene una participación importante durante la Noche de San Juan en Chile. Un ritual muy simple permite invocarlo: Mirar en el espejo a las 12 de la noche con la clara intención de vender tu alma. Por otra parte, otros rituales describen que podrías encontrarte con él como el salir a buscar tesoros escondidos, ir a buscar la flor de la higuera o tocar la guitarra bajo ella, entre otros. En estos rituales, sus intenciones claramente no serán las mejores.

Ojo que las brujería y la presencia del Diablo no quita el ambiente festivo de la Noche de San Juan. El Archipiélago de Chiloé es la gran tierra donde se celebran muchas tradiciones, entre ellas, la Noche de San Juan, explotando, como siempre la gran mística y la mitología propia de las islas. Varias historias hablan sobre las rarezas que ocurren allí. Durante esta noche se celebra una cena muy especial llamada “Estofado de San Juan”, un estofado con carne ahumada de cerdo, longanizas y papas que es para boxear hasta la amanecida. También se bailan cuecas y música tradicional criolla, y se cuentan unas historias de terror maravillosas, donde la frontera de lo real y lo fantástico se pierde en la genialidad de los cuentacuentos alrededor de la hoguera.

Y muchos de estos cuentos hablan sobre el Diablo.

En tiempos de Brujas, ¿recordamos la tradición?

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Las Noches de Brujas han evolucionado a través de la historia mediante los diversos ritos religiosos que las influyeron y transformaron. A pesar de no ser consideradas como festividades tan importantes como para acreditar un día feriado, tanto la Noche de San Juan como Halloween permanecen estoicas, en las sombras y, luego de la consecuente liberación ideológica del mundo cristiano, ahora están más vigentes que nunca. 

Se han convertido en fiestas importantes, cargadas de tradición histórica, muy divertidas y cuya celebración no supone grandes responsabilidades ni pérdidas de tiempo en regalos o visitas a parientes indeseados como, por ejemplo, Navidad o Año Nuevo. Lo mejor de todo, es el aura terrorífica en que nos envuelven y que nos encanta, sobre todo a los que somos fanáticos del horror. Y a pesar de los diversos cambios, jamás han perdido su ambiente festivo, motivo por el cual se siguen celebrando hasta el día de hoy, en mayor o menor medida.

Ambas fiestas están cargadas de historia que hablan sobre la misma humanidad desde tiempos pre-romanos. Particularmente, la Noche de San Juan debiera identificarnos mucho más a nosotros, no solo por la herencia española posterior a la Conquista, sino porque algunas tradiciones se han copiado desde nuestros propios pueblos originarios. Sin embargo, ultimamente parecemos darle más importancia a la Fiesta de Halloween, debido a la influencia de la cultura popular en las películas y a la tremenda comercialización que domina tiendas y supermercados.

Pero, ¿por qué pasa esto?

Se me ocurren numerosas causas que explicarían este fenómeno. Puede ser que tendemos al olvido de nuestras propias tradiciones por considerarlas aburridas o por quedarse fuera del tren de la Globalización. Otra causa podría ser el profundo arraigamiento que producen las películas y la ficción en general en la cultura pop, lo que lleva a Halloween a hacerse más conocido y deseable.

No pretendo hacer una campaña de satanización de Halloween en pro de la Noche de San Juan, pues ambas fiestas son geniales para los amantes del terror. No obstante, me parece que no somos suficientemente agradecidos de nuestros propios valores -cultivados mediante la tradición- al valorar mucho más una festividad extranjera solo porque nos hace ver actualizados o por las perspectivas económicas. La Noche de San Juan es casi olvidada por la sociedad actual salvo por los rituales de brujería y eso merece un cambio de mentalidad. Deberíamos adentrarnos en la historia y redescubrir la tradición, o quizás inventar nuevas formas de celebrar que sean puramente chilenas, que nos identifiquen y nos hagan sentir parte del pueblo en el que nacemos.

Todos estos puntos de vista son argumentos que prometo intentar dilucidar en una nueva entrada posterior. Por ahora, y sea cual sea la causa por la cual Halloween predomina sobre la Noche de San Juan, ambas fiestas son importantes para América, cada una divertida a su manera. Nuestro deber es aceptar a las brujas y celebrar con ellas hasta que el Cielo se una con el Infierno.

Porque si algo demostró la historia, es que disfrutamos de la brujería más que de los vicios. Por eso la brujería siempre se resistirá a morir.

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